Un único corazón (FAN FICTION CdS)

(FAN FICTION CAZADORES DE SOMBRAS: LOS ORIGENES//SPOILERS ANGEL MECANICO Y PRINCIPE MECANICO)

Will no lograba entender a Tessa, era como una poesía, una poesía de compleja simbología que parecía jugar con su intelecto e impedir de tal forma su comprensión. Si pudiese llegar a entenderla -pensó- La recitaría de la forma en que se ha de recitar la poesía y así ella estaría siempre en mi memoria y cada vez que lo desease se arremolinaría en mi boca y permanecería allí, conmigo. Llegado el momento de amar, tras años fingiendo, dañando a quienes pretendían amarle para de esta forma salvarles de ser objeto de la maldición que a una edad temprana se cernió sobre él; una vez más Will se veía obligado a mentir, a ocultar sus sentimientos. Algo a lo que estaba acostumbrado sin embargo esta vez la farsa tenías tales proporciones que se abría paso en su pecho como una navaja, era el poder del amor desgarrador en sentidos opuestos. Poco antes de librarse de la maldición o más bien conocer que todo había sido un engaño “demoniaco” había llegado a atisbar el amor verdadero y como era necesario por aquel entonces hacerle huir con su indiferencia y maldad supuestamente innatas. Ahora el destino se ría de él con la reciente noticia de boda. Debería negar lo innegable, pretender aparentar que no la amaba, solo de esa forma podrían Tessa y Jem ser felices. Lo que con una mano le había sido devuelto con la otra le era robado mientras se escuchaba a lo lejos una fuerte risotada. Podrían ser felices…pero por poco tiempo -pareció hacerse recordar- el destino presentaba un juego burlesco en el que nadie podría ser feliz de la forma en que todos quisieran. Si tuviese la opción de morir por él no lo dudaría ni un segundo. A lo que con certeza añadió a su monologo interior -Sé que en el momento en que muera mi Parabatai con él morirá parte de mí. Ojalá fuese yo, y de tal forma mi muerte sirviese para la felicidad de ambos. Miró al cielo grisáceo e impregnado del olor cargado del Támesis y suplicó para sus adentros –Dios, Dioses, Moira o Physis  si es que acoso existís y tenéis piedad no permitías que Jem sepa lo que yo siento y que en su temprana muerte lo único que experimente sea un intenso beso. Magnus Bane -Pensó- Solo él será capaz de evitar que mi imprudente inconsciente acabe estropeándolo todo.  El brujo seguía viviendo en la casa de Camille, esperando quizás a la que un día amó. La debilidad por el deseo amoroso era lo único en lo que se le podía considerar imprudente, se podría decir que este era su talón de Aquiles. Pero lo que sentía por Will era algo extraño, aún más fuerte que ese amor desenfrenado; sentía una necesidad innata de protegerle. De proteger a ese joven hosco, romántico y desesperado que en su forma desesperada de amar tanto le recordaba a él. -Pasa, Will- articuló Magnus Bane- Espero que tu visita sea breve.  Con ese deje irónico éste intentaba bloquear sus sentimientos con la intención de no verse atado a nadie, verse atado a alguien sabiendo que tu vida no tendrá fin es poco menos irresponsable. Magnus tenía un mantra bastante claro: “Satisfacer su deseo interno sin llegar a depender emocionalmente de nadie”. Pero por dentro no podía negar que necesitaba protegerle, protegerle de sí mismo. Tal como evidenciaba la sonrisa de medio lado y el resoplido que acompañaron el ruido de la puerta al cerrarse a sus espaldas. -No me puedes pedir esto Will, no me puedes pedir que lleve a cabo un hechizo que invierta tus sentimiento por Tessa, ni siquiera deberías dibujarte una runa que evite que de forma desintencionada reveles a Tessa que aún la sigues amando, o que descubras el que tú mismo consideras tu terrible secreto a tu inocente y bondadoso Parabatai.  No crees Will que ha llegado el momento de que se lo confieses a Jem. No permitas que muera sin saberlo, aunque no lo creas nunca te perdonarás si no lo haces. El gesto de Will se truncó con ese verbo “morir”, el joven seguía sin asumir la temprana muerte de su compañero de batalla, la mitad de su corazón. Tenía claro que su corazón ya no le pertenecía, su corazón estaba en manos de Tessa y del prometido de ésta, Jem, quién sin Yin Fen a su disposición acabaría muriendo y en el caso de que hallasen nuevas reservas su vida no duraría demasiados años. En ese momento Will fue consciente de lo que estaba ocurriendo. -Jem va a morir- dijo en un tono resignado. Magnus se quedó petrificado, su gesto tomó la perfecta quietud y belleza que muchos poetas habían creído representada en el arte griego. El joven Will Herondale, acababa de admitir lo que durante largo tiempo había negado, que su parabatai iba a morir como desde un principio supo pero acabo ignorando. Will se puso en pie de golpe, con su oscuro cabello ligeramente rizado en la cabellera.  –Como he podido estar tan ciego. Jem siempre ha dado la vida por mí y yo sin embargo desde un principio acepté ser su parabatai evidenciando que iba a morir y ahora tengo la desfachatez de venir aquí y exigir una cura a ese dolor que nace en mi corazón, mi corazón ha de pertenecer a Jem, en su totalidad – se dijo para sí mismo, mientras el brujo presenciaba la escena desde su sillón de llamativos grabados poco acorde con el resto del salón. Will se quedó quieto, mirando a Magnus, con la boca entreabierta a punto de preguntarle algo, alargando el proceso comunicativo amortiguado por la sonora cadencia de la lluvia en la ventana. Se giró entonces y caminó hacia la puerta, Magnus le siguió y antes de que Will dejase atrás dicha conversación y con ella todos los sentimientos encontrados hacia Tessa, le aconsejó desde la distancia: -Will no permitas que nadie te diga que es lo correcto, solo tu corazón puede aportar la luz necesaria para ver cuál es el camino a seguir. Will escuchaba bajo la intensa lluvia, perplejo y atento hasta la última palabra que cerró la herida, al menos de forma temporal.
FIN

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