You are my heaven (Tú eres mi cielo)

Miedoso a la muerte conseguí vencerla con uno de sus besos. 

Sentía tenerlo todo, sentía ser la persona más feliz del mundo. Sabía que estaba predestinado a morir joven y fue entonces cuando llegó mi momento. Los porcentajes ya tenían concienciados a mis padres de lo que podía ocurrir. La enfermedad se apoderó de mí y acabó conmigo en menos de un año.
Sabía la fecha exacta y decidí vivir los días que me quedasen sin hacérselo pasar mal a nadie, decidí no contarles lo que me ocurría, excepto a mis padres a quienes por desgracia no podía ocultárselo. 
Me rapé la cabeza antes de que el pelo empezase a caer como las hojas del otoño y empecé a vestir gorros de lana. También solía echarme bronceador artificial para que nadie se diese cuenta de lo que me estaba pasando. Intenté negarme a la quimioterapia pero fue en vano. Tal y como yo predije el tratamiento no sirvió de nada, me destrozaron por dentro para intentar encontrar un milagro y una vez más se toparon con la cruda realidad de un caso como el mío.

Recuerdo el día y hora exacta, fue el jueves 17 de mayo de 2012 a las 19:32. Ella estaba en el  hospital, tenía un virus estomacal que nada tenía que ver con mi enfermedad. Solía venir a verme una vez al día desde que tras un exhaustivo interrogatorio por mi rara actitud la revelé que tenía cáncer. En aquel momento su rostro se hizo añicos, fue como un jarrón que cae al suelo y que irremediablemente intenta mantener unidos cada uno de los trozos que lo conforman y que inevitablemente acabarán cayendo al suelo. Se lanzó a mis brazos y me besó en los labios, lloró abrazada a mí. Recuerdo sentir como si por un segundo mi absurda vida tuviese sentido, pero no podía pensar así, me estaba muriendo. Se quedó muda por un largo rato y después dijo -¿Cuánto?, ¿Cuánto tiempo? - 2 meses - respondí.
Me dio un abrazo de nuevo esta vez acompañado de un dulce beso y me dijo con voz entrecortada 
-Mañana nos vemos.

Al día siguiente cuando me desperté a eso de las diez vi sobre la mesilla del hospital una hoja y un bolígrafo.
En la cabecera se veía un título en negrita que decía "Las cien cosas que debería hacer antes de morir" y a continuación venía una larga lista redactada a ordenador que debía haber escrito por la noche, las cien cosas que quería que yo hiciese con ella. La lista albergaba ideas tales como conseguir publicar uno de mis textos en un periódico, tener una cita, leerme un libro entero mientras yo tan solo escuchaba su melodiosa voz... 
Diez minutos más tarde mientras yo aún seguía dando vueltas a la lista apareció ella, adornando su perfecta faz con una sonrisa, se alegró al verme despierto y mientras dejaba el "desayuno" sobre mis piernas me besó de nuevo. Sentí mucha vergüenza pensando en como podría saber uno de mis besos, sabiendo que en mi interior se libraba una lenta y dolorosa batalla que evidentemente tendría repercusiones en mi saliva. 

Los dos meses pasaron volando. Por mucho que intentara aprovechar el tiempo este volaba a su lado. Cada sonrisa suponía un minuto entero y cada beso me mantenía atontado durante una media hora. En 56 días nos dio tiempo a tener una cita romántica, a probar suerte con uno de mis relatos en una editorial del centro, a ir a la playa y pasear descalzos, a dormir una noche juntos en la arena, a leer nuestros dos libros favoritos, a besarnos, querernos, a traspasar la frontera de las caricias, a romper los tabúes en torno al sexo, a recrear la que podría ser nuestra boda, a ver las mejores películas juntos, a mirarnos durante minutos enteros... Nos dio tiempo a vivir una misma vida.

Pero el tiempo se acababa, quedaba apenas una semana. Entonces decidí hacer una última locura: Bajé al sótano y cogí una gran caja de madera, tallé un corazón y escribí en su base You are my heaven (Tú eres mi cielo), después subí a mi cuarto y busqué el disco que siempre escuchábamos juntos, la película que vimos hace dos noches, mi colonia, mi sudadera azul, todas nuestras fotos, todos los textos que la escribí, la novela que escribí pero que nunca me atreví a enseñarla, un par de los caramelos que siempre llevaba encima, mi teléfono, mi ordenador portátil, mis tres libros favoritos, mi peluche favorito (reservando el de la infancia para mis padres) , una concha que encontré el día que paseamos por la playa, la cucharilla del helado que tomamos en nuestro primer paseo, el envoltorio del preservativo que utilizamos en nuestra primera vez y finalmente una réplica de mi corazón; todo ello lo metí en la caja y pedí a su madre que me dejase subir a su cuarto para esconderla bajo su cama. Ella me guardaría el secreto hasta que yo desapareciese, me abrazó y sentí perder una segunda madre.

El día llegó y acabé sumiéndome en aquel sueño eterno enredado en sus labios, atado a sus recuerdos...
Dudé un segundo si quizás hubiese destrozado su vida con mi enfermedad.








12 comentarios:

  1. Es genial *____* Me ha encantado y me ha emocionado. He terminado llorando,lo juro :( Me ha encantado, adoro como escribes :3

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    1. :3 Muchísimas gracias, es una historia que he sentido con mucha intensidad y necesitaba crearla.
      Es duro leerlo y escribirlo. Pero lo doloroso también puede ser bello.

      un saludo :3

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  2. Que cucada *-* Llevaba tanto tiempo sin pasar por aquí que lo maravilloso del texto se ha triplicado.
    Es muy muy muy muy bonito, me he emocionado... y hasta he soltado alguna que otra lagrimilla aiiiiiiish :)
    Un saludo enorme, espero volver pronto por aquí :D

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    1. :D :D
      jjajaja veo que está llegando la historia a todo aquel que la lee.
      Si espero verte pronto y yo también me tengo que pasar por tu blog :D

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  3. Brutal. Sin palabras. Magnífico.
    De verdad, te felicito!
    Un besazo!

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    1. :3 :3 :3
      Muchísimas gracias Raquel veo que el esfuerzo a dado sus frutos
      un saludo.

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  4. Hace tiempo empecé con una historia con un argumento parecido a éste, pero la dejé apartada. Con lo poco que escribí, sentía el corazón del personaje latiendo, sus suspiros, sus nervios y su mal estar. Eso es lo que he sentido con tu historia, he sentido la difícil decisión de ocultar lo que le está matando, el miedo a haber sido descubierto, a la soledad. También he sentido el miedo de ella, a que él se desvaneciera en sus brazos, que se esfumara cuál segundo entre sus dedos. Me parece de alguien realmente valiente y verdadero, quedarse al lado de él. Muchos que conozco saldrían corriendo por la puerta, intentando ocultar lo evidente: Que la muerte nos llega a todos.

    Bueno y ya con lo de la lista de 100 cosas que hacer juntos y la caja de madera tallada con sus mejores recuerdos me has cautivado. Un relato digno de un libro o incluso llevarlo a la gran pantalla.

    Se nota que eres un romántico, me ha encantado, de corazón.

    Saludos :3

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    1. :3 :3
      Qué puedo decirle a mi lectora numero uno por excelencia, busquemos una empresa para hacer un corto jajjaajja es broma.

      Me alegra que una vez más con mi simples palabras te haya podido hacer sentir tanto, algo tan fuerte, algo tan puro y verdadero como esta historia.

      Si soy un romántico jjaaja y gustándote de corazón no puedo más que darte las gracias de corazón por una vez más haberte pasado y sentido lo que yo escribo torpemente.

      Un saludo Agueda.

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  5. Hola de nuevo, lo primero pedirte perdón por no pasarme antes, he estado desaparecida, lo segundo, darte las gracias, por escribir como escribes y mostrarlo.
    Me encanta, y seguira encantandome para siempre, la historia impresionante como no.
    un beso te espero por mi blog.
    http://diariodeunachicasolitaria.blogspot.com.es/

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    1. No pidas perdón jajaj
      Gracias ti por leerlo, si tranquila me pasaré como siempre hago :3

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  6. Precioso,me ha encantado,a pesar del final,pero muy bien redactado y expresado.Simplemente buenisimo.10 Dani :).El siguiente espero que sea alegre :D

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