Carmen




Cada mañana despierta con un sabor amargo en la boca, un déja vu se repite diariamente, una sola imagen: Una chica de unos 16 años, de pelo castaño rizado hasta los hombros que parece ser ella de joven, pero no lo es. Sus labios pronuncian un monosílabo – Si.
¿Qué quiere decir? ¿Qué afirma? ¿De qué habla?
Esta vez es diferente, esta peinándose su largo pelo frente a un espejo. Un espejo de color azabache. Mira tras de sí, a sus hombros, la mira a ella. Sonríe. Su sonrisa es una oleada, seguida por las revoltosas hojas que conforman sus cabellos, sus ojos una gran tormenta. Que la atrapan y gritan: Si, soy yo.

-¡¿Quién eres?! Grita. Pero entonces ya ha despertado, sola en su cama, una cama vacía. Los rayos del sol la hacen daño en los ojos y la alteración de su corazón se confunde con el sabor agridulce que recorre su garganta. El despertador marca las 6:30, ha de levantarse para ir a trabajar. Abre la ventana, cegada por la luz, hace una parada en el baño para asearse y peinar su alocado cabello rubio, que un día fue castaño y rizado haya cuando todos la llamaban Carmen. Coge un conjunto granate del armario y su chaquetón rojo, sujeta la puerta con las yemas de los dedos y apaga las luces, después hecha cuatro vueltas a la puerta de casa. Baja las escalaras y recoge su café capuchino del Starbucks de Alex, bendito café susurra. Sus ojos lloran por el frío y el dulce saber del capuchino. Se dirige al metro que resulta estar repleto de estudiantes y trabajadores. Sus tacones resuenan en las claustrofóbicas paredes. Coge un asiento al lado de la ventana y mira fijamente el sucio cristal, se atusa el pelo. Cuando dirige la vista a la parte superior ve a una chica reflejada que la mira inquieta, no le da importancia, pero entonces la chica se desliza entre los pasajeros y se siente a su izquierda. Es exactamente igual que la chica del espejo: su pelo, sus ojos, sus labios...
-Me encanta su chaquetón.
-Gracias. (Responde con voz áspera)
-Me recuerda al corto de Isabel Coixet, de la película Paris je t'aime. ¿La ha visto? (pregunta con un débil temblor en la voz)
- Si por supuesto, es una de mis películas favoritas.
(La joven sonríe complacida)

Gira la cabeza hacia su Ipod y selecciona una canción de Lana del Rey "CARMEN". Canturrea en voz baja they all like Carmen ohohuhoh, like Carmen.
Llega su parada y la joven desaparece veloz.

La mujer se encuentra aturdida por la extraña situación: Su extraño sueño recurrente le ha dado dos palabras más añadidas al sí, una chica de largos cabellos castaños igual a la de sus sueños ha aparecido allí enfrente de sus ojos y ha dado la casualidad de que cantaba en voz alta una canción cuyo estribillo bailaba en torno a un única nombre "Carmen". Es imposible que sepa su verdadero nombre, ni conozca a que etapa de su vida hace referencia.
Tras un duro día de trabajo vuelve a casa. Saluda a Kafka, su siamés, y se da cuenta de que allí hace frío. Pone la calefacción a 24 y se acurruca en el sofá del comedor para leer a Murakami. A las 2 de la mañana despierta y se da cuenta de que está sobre la página 122 de Sputnik mi amor. Cierra el libro y va directa a la cama, 3 horitas y media me quedan, susurra para sí misma.

La dulce mirada de la chica vuelve, sonríe, la sonríe, la hace gestos con los dedos recoge su pelo hacia un lado y señala una pared tras de sí en la que pone
“Oh Carmen, estúpida Carmen. 18-06-1994”.
Parece una talla quemada en un árbol y así es, es la talla que escribió hace 16 años en el bosque de Moosville cuando estuvo de vacaciones. Intenta recordar que pasó ese día exacto pero es difícil. Ve una imagen suya llorando frente al espejo del baño de la casa de su abuela, muy parecida o casi igual a la joven del deja vu. Ya lo recuerda, esa fue la noche de la gran fiesta, quedó con Norah y Teresa. Las tres fueron con sus correspondientes parejas y ella estaba con aquel chico de ojos vivarachos y pelo oscuro Kyle. Fue la noche en la que Carmen bebió más de la cuenta, bailó más de la cuenta y jugó con el chico más de lo que debería haberlo hecho. Después fueron juntos al bosque y entre la maleza perdieron la pureza de su juventud.
A la semana siguiente se enteró de que estaba embarazada.
2 meses después su abuela se enteró y la apoyó.
3 meses después su madre se enteró y la dejo claro que debía dar al niño en adopción en cuanto naciera. A su vez la obligó a vivir con su otra abuela en España.
9 meses después nació la criatura más preciosa que nunca había visto. Pero su madre se lo quitó de los brazos y se lo llevó al orfanato.
10 años después empezaron sus sueños que solían recurrir mensualmente.
16 años después en una fría mañana ella apareció ante sus ojos.
16 años y 1 día después, esperó a su hija en el metro. Había comprendido el rompecabezas.
16 años y 17 días después, esperó a su hija en el metro pero tampoco apareció.
A día de hoy recorre diariamente las calles de aquella ciudad en busca de la que pudiese ser su hija.


La dulce mirada del espejo de color azabache

4 comentarios:

  1. Dios mío,es precioso *-* Te has superado,en serio, me ha encantado es tan abgfhjsbhfghdsnj ^^
    Un besito :3

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  2. que bonito, quieroo más.
    siempre en tu linea, jejeje.Me encanta.
    un beso muy grande desde: http://diariodeunachicasolitaria.blogspot.com.es/

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