Pude ver la luz en tus ojitos rasgados

Vuelvo a ver la luz, un grupo de hombres enmascarados me sacan de la basura y de lo que algún día fue mi casa. Me aferro a pensar que no es verdad, que el bracito que asoma entre los escombros no es el suyo. Busco remedio a la incomprensión, me siento estúpida al negarlo. No sé cómo reaccionar: echarme a llorar, quizás gritar o reclamar al cielo que me la devuelva. Entonces me desplomo y caigo al suelo sin poder moverme.

Ella era, qué digo era, ella es tan pequeña. Mi niñita de grandes ojos rasgados. Pienso, ruego, cuestiono cómo llegar hasta ella. me planteo esperar, pero no es posible, no se cómo estar con ella, ella me necesita. Sé la solución, una sola y única solución. Pido a Dios que me lleve con ella ya que si no no podré vivir. Antes decido recuperar su cuerpecito, noto como la tierra sigue temblando y mi pecho experimenta algo que me acerca poco a poco a la muerte, no puedo casi respirar.

Acto seguido mi cuerpo yace sin marcas de dolor y orgullosamente aferrada a la que siempre será mi niña.





(Inspirado en el terremoto de Japón de 2011)

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