Room in nowhere

Ya han pasado tres años desde digamos... el incidente. Por entonces tan sólo tenía dieciséis años. Incrédulo, insensato... sumamente estúpido.
Aún recuerdo su cuerpo inmóvil, sus labios amoratados, su piel blanquecina. Aún recuerdo el momento justo en que la encontré. Su vestido blanco manchado por la sangre palpitante que derramaba su corazón. Besé sus labios, pero no despertó de aquel sueño que no paró de perseguirla hasta que la abrazó tan fuerte que desapareció entre sus brazos.

Agarré su mano y vi nuestra vida: lo que hicimos, lo que planeábamos, lo que podríamos haber hecho. Miles de recuerdos que se desvanecían entre las llamas de la muerte. Miles de sentimientos que rogaban perdurar entre nuestros labios. Miles de momentos que aclamaban poder ser vividos.
Recuerdo el olor dulzón que quedó prendido en aquella sala, como el viento azotaba su cabello, el cual parecía ser el único símbolo de vida.

Mis manos quedaron manchadas por un delito que yo no cometí, por una muerte que más yo deseo hubiera sido la mía.



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