¿Estás bien?

-¿Qué te pasa?
   Su cara empalidecía, sus labios estaban amoratados por la presión de sus dientes.
-Tú
- ¿Qué? ¿Yo?
-Tú. Tú eres lo que me pasa.

Estoy harto de la enfermedad que asola mi cuerpo.
 Estoy harto de que una sola palabra tuya derribe mis defensas.
Estoy harto de oír tu nombre que pregunta por el mío.
Estoy harto de que cada vez que la distancia y tiempo se unen en uno solo, huyas hacia la libertad.

No entiendo nada.

No entiendo las palabras de tu boca.
No entiendo tus miradas.
No entiendo tus preguntas.
No entiendo mis labios y manos: que dibujan en tu rostro, en tu cuerpo.
No comprendo que mis dedos pinten mediante palabras tu rostro día tras día.

No comprendo la incomprensión de esta estúpida cohesión que nos une y separa según orden y medida. Y que como fuego se enciende y apaga. Dejándome en la inmediata oscuridad. Sintiendo mi cuerpo arrastrado hacia la mentira que expresa tú persona.




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