Amores perros


Sus pies chascan por la velocidad que la impulsa a buscarle otra vez. El móvil suena una, dos, tres veces. Sus sonrisas son largas risas que vibran en el vacío. Mensajes estúpidos, palabras que la anulan pero que la hacen vivir.

El silencio vuelve, sus ojos representan su alma atormentada, sus lagrimas corren veloces y ciegan con su brillo todo lo que gira a su alrededor. El móvil estalla en un ruido sordo contra el suelo, sus labios se tensan, abren y amoratan. Sus dientes los rasgan.

Bim, bim, suena el teléfono, otra vez es un mensaje suyo. La pantalla está partida a la mitad pero se ve claramente “olvida todo, te amo”.



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