De aquí a la muerte, mi amor

Ayer viajaba en tren de vuelta a casa. Amenizaba el viaje leyendo, hasta que algo desvió mi atención.
Una pareja de ancianos de avanzada edad subió al tren, se ayudaron mutuamente y tras transportar el equipaje se dedicaron una reconfortante sonrisa mutua. Poco después el hombre se mostraba inquieto y buscaba para ella el mejor lugar del tren, donde no hubiera sol, y que así su mujer no pasara demasiado calor. Se cambió de asiento e insistió en que ella hiciera lo mismo. Así empezó una efímera discusión, hasta que ella le hizo entrar en razón de que en sus asientos tampoco daba el sol, y le dijo
 -venga bobo ven a aquí.
El hombre no refunfuño más y acudió al encuentro de la dulce mano de su por siempre amada.

El viaje seguía en marcha, sus mirada se cruzaban y con ellas se daban suaves besos, caricias y demás muestras de cariño.

Entonces tuve la picardía de preguntar cuánto tiempo llevaban casados.
- 54 años, me contestó con voz áspera.
 Aunque si pudiera, volvería a nacer para casarme antes con ella.
- ¿Y eso? Le interrogué curioso
- Porque ella es mi vida y siempre lo ha sido. Lo único que hemos tenido en esta desgraciada vida de guerras, fatigas y hambrunas ha sido el amor.
 (Yo sonreí satisfecho)


Un último gesto de la mujer fue agarrar la mano de su esposo fuertemente y decir una única frase que siempre recordaré
- De aquí a la muerte, mi amor


Para mis abuelos maternos, cuya relación era una constante tormenta de caricias y riñas.

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